Ana Karenina

Ana Karenina

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También Vronsky era culpable de que vivieran en Moscú y no en la hacienda, pues esto se debía, pensaba Ana, a que él no podía vivir en el pueblo, apartado de sus relaciones de ciudad como ella quería.

Y también Vronsky era el culpable de que se viese separada para siempre de su hijo.

Anochecía.

Sola, esperando que regresara Vronsky de una comida que daba un amigo para celebrar su despedida de soltero, Ana paseaba a lo largo del gabinete de Alexey, en el cual le gustaba estar para ver todos sus objetos y porque era la habitación de la casa donde repercutía menos el ruido de los carruajes rodando por el empedrado, y mientras paseaba, iba pensando en todos los detalles de la última discusión tenida con su amado.

Tras recordar todas las palabras ofensivas cruzadas entre ambos durante la disputa, Ana pensó en las que la habían provocado.

No podía comprender que la disputa se hubiera producido por una causa tan fútil a inofensiva.


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