Ana Karenina
Ana Karenina –De Stiva ––contestó Vronsky de mal grado.
–¿Y por qué no me lo has enseñado? ¿Qué secreto puede haber entre Stiva y yo?
Vronsky llamó a su ayuda de cámara y le ordenó que trajera el telegrama.
–No querÃa mostrártelo porque no dice nada de particular. Stiva tiene debilidad por el telégrafo. No sé a qué viene telegrafiar cuando no hay nada decisivo.
–¿Se trata del divorcio?
–SÃ, pero dice que no ha podido obtener nada, que para estos dÃas le ha prometido una respuesta decisiva. MÃralo, léelo.
Ana cogió el despacho con manos temblorosas y leyó lo que Vronsky le habÃa dicho. El telegrama terminaba asÃ: «Hay pocas esperanzas, pero haré lo posible y lo imposible».
–Ayer te dije que me es indiferente que se lleve a cabo o no el divorcio –dijo Ana ruborizándose, No habÃa necesidad ninguna de ocultarme esas dificultades que señala Stiva. «Asà puede ocultar y seguramente oculta su correspondencia con las otras mujeres», pensó también.