Ana Karenina
Ana Karenina –Su madre me rogó que la visitara –dijo luego– y me placerá ver a la viejecita. Mañana pienso ir. Gracias a Dios Stiva lleva un buen rato con Dolly en el gabinete –murmuró, cambiando de conversación y levantándose algo contrariada, según le pareció a Kitty.
–¡Me toca a mi primero, a mÃ, a mÃ! –gritaban los niños que, concluido el té, se precipitaban de nuevo hacia la tÃa Ana.
–¡Todos a la vez! –respondió Ana, sonriendo.
Y, corriendo a su encuentro, los abrazó. Los niños se apiñaron en tomo a ella, gritando alegremente.