Ana Karenina
Ana Karenina –Pues asà es también la unanimidad en las opiniones de los periódicos. Me han explicado que cuando hay guerra, duplican la tirada. Entonces, ¿cómo pueden dejar de considerar trascendentales la suerte del pueblo, la situación de los eslavos, etcétera, etcétera, etcétera?
–Confieso que no tengo demasiada afición a los periódicos, pero hablar asà me parece injusto –, dijo Sergio Ivanovich.
–Yo les pondrÃa una sola condición –continuó el PrÃncipe. Alfonso Karr lo dijo muy bien antes de la guerra con Prusia: « ¿Usted piensa que la guerra es necesaria? Muy bien. Quien predica la guerra, que vaya en una legión especial, delante de todos en los ataques, en los asaltos».
–¡EstarÃan muy bien los redactores de los periódicos en esa posición!,–comentó Katavasov, riéndose a carcajadas porque se imaginaba a los periodistas conocidos suyos en aquella legión escogida.
–Como que huirÃan al primer disparo, no servirÃan más que de estorbo –dijo Dolly.
–Si trataran de huir –completó el PrÃncipe– se les colocarÃan detrás las ametralladoras o los cosacos con látigos.
–Eso es una broma, y una broma de dudoso gusto, perdonadme que os lo diga, PrÃncipe –dijo Sergio Ivanovich con acritud.