Ana Karenina
Ana Karenina –Perdón, ¿por qué cree usted que es perder el tiempo?
–Para mucha gente ese artÃculo está por encima de su comprensión.
–Pero yo no estoy en ese caso. Yo sé leer entre lÃneas y descubrir sus puntos flacos.
Todos callaron. Krizky se levantó lentamente y cogió la gorra.
–¿No quiere cenar? Bien. Venga mañana con el cerrajero,
Cuando Krizky hubo salido, Nicolás sonrió, guiñando el ojo.
–Tampoco él es muy fuerte; lo veo bien.
En aquel momento, Krizky le llamó desde la puerta.
–¿Qué quiere? –dijo Nicolás saliendo al corredor. Constantino, al quedarse solo con MarÃa Nicolaevna, le preguntó:
–¿Hace mucho que está con mi hermano?
–Más de un año. El señor está muy mal de salud: bebe mucho –contestó ella.
–¿Qué bebe?
–Mucho vodka. Y le sienta muy mal.
–¿Bebe con exceso?
–Sà –repuso ella, mirando atemorizada hacia la puerta por la que ya entraba Nicolás.