Ana Karenina
Ana Karenina Mas al decirlo, Ana tuvo conciencia de su debilidad: no sólo no tenÃa confianza en sà misma, sino que el recuerdo de Vronsky le causaba tal emoción que decidÃa huir para no verle más.
–Oui, Stiva, m'a raconté que has bailado toda la noche con Vronsky y que…
–Es cosa que harÃa reÃr el extraño giro que tomaron las cosas. Me proponÃa favorecer el matrimonio de Kitty y en lugar de ello… Acaso yo contra mi voluntad … .
Ana se ruborizó y calló.
–Los hombres notan esas cosas en seguida ––dijo Dolly.
Y yo siento que él lo tomara en serio. Pero estoy segura de que todo se olvidará en seguida y que Kitty me perdonará –añadió Ana.
–Si he de hablarte sinceramente, esa boda no me gusta demasiado para mi hermana. Ya ves que Vronsky es un hombre capaz de enamorarse de una mujer en un dÃa. Siendo asÃ, vale más que haya ocurrido lo que ocurrió.
–¡Oh, Dios mÃo! ¡SerÃa tan absurdo eso! –exclamó Ana. Pero un rubor que delataba su satisfacción encendió sus mejillas al oÃr expresado en voz alta su propio pensamiento.