Ana Karenina
Ana Karenina –Ahora me voy convertida en enemiga de Kitty, por la que sentÃa tanta simpatÃa. ¡Es tan gentil! Pero tú lo arreglarás, ¿verdad, Dolly?
Dolly apenas pudo contener una sonrisa. Estimaba a Ana, pero le complacÃa descubrir que también ella tenia debilidades.
–¿Kitty enemiga tuya? ¡Es imposible!
–Me gustarÃa irme sabiendo que me queréis todos tanto como yo os quiero a vosotros. Ahora os quiero más que antes. ¡Ay, estoy hecha una tonta! –dijo Ana, con los ojos inundados de lágrimas.
Luego se secó los ojos con el pañuelo y comenzó a arreglarse,
Cuando se disponÃa ya a salir, se presentó Esteban Arkadievich, muy acalorado, oliendo a vino y a tabaco.
Dolly, conmovida por el afecto que Ana le testimoniaba, murmuró a su oÃdo, al abrazarla por última vez:
–Nunca olvidaré lo que has hecho por mÃ. Te quiero y te querré siempre como a mi mejor amiga. Acuérdate de ello.
–¿Por qué? –repuso Ana, conteniendo las lágrimas.
–Me has comprendido y me comprendes. ¡Adiós, querida Ana!