Ana Karenina
Ana Karenina –Como usted sabe –dijo la eminencia–, no podemos precisar cuándo comienza un proceso tuberculoso.
Hasta que no existen cavernas no sabemos nada en concreto. Sólo caben suposiciones. Aquà existen sÃntomas: mala nutrición, nerviosismo, etc. La cuestión es ésta: admitido el proceso tuberculoso, ¿qué hacer para ayudar a la nutrición?
–Pero usted no ignora que en esto se suelen mezclar siempre causas de orden moral –se permitió observar el otro médico, con una sutil sonrisa.
–Ya, ya –contestó la celebridad médica, mirando otra vez su reloj–. Perdone: ¿sabe usted si el puente de Yausa está ya terminado o si hay que dar la vuelta todavÃa? ¿Está concluido ya? Entonces podré llegar en veinte minutos… Pues, como hemos dicho, se trata de mejorar la alimentación y calmar los nervios… Una cosa va ligada con la otra, y es preciso obrar en las dos direcciones de este cÃrculo.
–¿Y un viaje al extranjero? –preguntó el médico de la casa.
–Soy enemigo de los viajes al extranjero. Si el proceso tuberculoso existe, lo que no podemos saber, el viaje nada remediarÃa. Hemos de emplear un remedio que aumente la nutrición sin perjudicar al organismo.