Ana Karenina
Ana Karenina Pero no tuvo fuerzas para contestar. Iba a decir algo y, de pronto, estalló en sollozos y salió corriendo de la habitación.
–¿Ves el resultado de tus bromas? –dijo la Princesa, enfadada–. Siempre serás el mismo… –añadió, y le espetó un discurso lleno de reproches.
El PrÃncipe escuchó durante largo rato las acusaciones de su esposa y callaba, pero su rostro adquirÃa una expresión cada vez más sombrÃa.
–¡Se siente tan desgraciada la pobre, tan desgraciada! Y tú no comprendes que cualquier alusión a la causa de su sufrimiento la hace padecer. Parece imposible que pueda una equivocarse tanto con los hombres.
Por el cambio de tono de la Princesa, Dolly y el PrÃncipe adivinaron que se referÃa a Vronsky.
–No comprendo que no haya leyes que castiguen a las personas que obran de una manera tan innoble, tan bajamente.