Ana Karenina

Ana Karenina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

«Sí; es preciso resolver esto y acabar. Debo explicarle mi modo de entender las cosas y mi decisión». «Pero, ¿cuál es mi decisión? ¿Qué voy a decirle?» , se preguntaba reanudando otra vez su paseo, al llegar al salón, y no hallaba respuesta. «A fin de cuentas», volvía a repetirse antes de regresar a su despacho, «a fin de cuentas, ¿qué ha sucedido? Nada. Ella habló con él largo rato. ¿Pero qué tiene eso de particular, qué? No hay nada de extraordinario en que una mujer hable con todos… Por otra parte, tener celos significa rebajarla y rebajarme» , concluía al llegar al gabinete de Ana.

Más semejante reflexión, generalmente de tanto peso para él, al presente carecía de valor, no significaba nada.

Y desde la puerta de la alcoba volvía a la sala, y apenas entraba en su oscuro recinto una voz interna le decía que aquello no era así, y que si los otros habían observado algo era señal de que algo existía.

Y, ya en el comedor, se decía de nuevo:

«Sí, hay que decidirse y terminar esto; debo decirle lo que pienso de ello». Mas en el salón, antes de dar la vuelta, se preguntaba: «Decidirse sí, pero ¿en qué sentido?». Y al interrogarse: «Al fin y al cabo, ¿qué ha sucedido?» , se contestaba: «Nada», recordando una vez más que los celos son un sentimiento ofensivo para la esposa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker