Ana Karenina
Ana Karenina Levin frunció las cejas. La ofensa de la negativa que se le habÃa dado le abrasaba el corazón como una herida reciente, pero ahora estaba en su casa, y sentirse entre los muros propios es cosa que siempre da valor.
–Espera –interrumpió a Oblonsky–. PermÃteme que te pregunte: ¿en qué consiste ese porte distinguido de que has hablado, ya sea en Vronsky o en quien sea? Tú consideras que Vronsky es un aristócrata y yo no.