Ana Karenina
Ana Karenina El hombre cuyo padre salió de la nada y llegó a la cumbre por saber arrastrarse, el hombre cuya madre ha tenido no se sabe cuántos amantes… Perdona; pero yo me considero aristócrata y considero tales a los que se me parecen por tener tras ellos dos o tres generaciones de familias honorables que alcanzaron el grado máximo de educación (sin hablar de capacidades y de inteligencia, que es otra cosa), que jamás cometieron canalladas con nadie, que no necesitaron de nadie, como mis padres y mis abuelos. Conozco muchos asÃ. A ti te parece mezquino contar los árboles en el bosque, y tú, en cambio, regalas treinta mil rublos a Riabinin; pero tú, claro, recibes un sueldo y no sé cuántas cosas más, mientras yo no recibo nada, y por eso cuido los bienes familiares y los conseguidos con mi trabajo… Nosotros somos aristócratas y no los que subsisten sólo con las migajas que les echan los poderosos y a los que puede comprarse por veinte copecks.
–¿Por qué me dices todo eso? Estoy de acuerdo contigo –dijo Esteban Arkadievich sincera y jovialmente, aunque sabÃa que Levin le incluÃa entre los que se pueden comprar por veinte copecks. Pero la animación de Levin le complacÃa de verdad–. ¿Contra quién hablas? Aunque te equivocas bastante en lo que dices de Vronsky, no me refiero a eso. Te digo sinceramente que yo en tu lugar habrÃa permanecido en Moscú y…