Ana Karenina
Ana Karenina Ya acostumbrado a la media luz del establo, Vronsky pudo apreciar una vez más, de una ojeada, las caracterÃsticas de su animal preferido.
«Fru–Fru» tenÃa regular alzada y, al parecer, no carecÃa de defectos. Sus huesos eran demasiado frágiles y, aunque de tórax saliente, resultaba estrecha de pecho. TenÃa la grupa algo hundida y en los remos delanteros, y más aún en los traseros, se notaba una evidente tosquedad. Los músculos de las patas no eran fuertes y en cambio el vientre resultaba muy ancho, lo que sorprendÃa considerando la dieta y también las enjutas ancas del animal. Los huesos de las patas no parecÃan, bajo las corvas, más anchos que un dedo si se los miraba de frente, pero resultaban muy sólidos si se examinaban de lado.
La yegua, en conjunto, salvo si se la miraba de flanco, resultaba apretada de lados y prolongada hacia abajo. Pero poseÃa en grado sumo una cualidad que hacÃa olvidar sus defectos: la «sangre» , como se dice con arreglo a la expresión inglesa. Entre la red de sus nervios, sus prominentes músculos, dibujándose a través de la piel fina, flexible y suave como el raso, parecÃan tan fuertes como los huesos. La cabeza, flaca, de ojos salientes, alegres y brillantes, se ensanchaba hacia la boca, mostrando en las fosas nasales la membrana rica de sangre.