Ana Karenina
Ana Karenina –Permitidme presentaros ––dijo–. AquÃ, mis amigos Felipe Ivanovich Nikitin y Mijail Stanislavovich Grinevich. Y aquà –añadió volviéndose a Levin–: una personalidad de los estados provinciales, un miembro de los zemstvos, un gran deportista, que levanta con una sola mano cinco puds ; el rico ganadero, formidable cazador y amigo mÃo Constantino Dmitrievich Levin, hermano de Sergio Ivanovich Kosnichev.
–Mucho gusto en conocerle –dijo el anciano.
–Tengo el honor de conocer a su hermano Sergio Ivanovich –aseguró Grinevich, tendiéndole su fina mano de largas uñas.
Levin arrugó el entrecejo, le estrechó la mano con frialdad y se volvió hacia Oblonsky. Aunque apreciaba mucho a su hermano de madre, célebre escritor, le resultaba intolerable que no le consideraran a él como Constantino Levin, sino como hermano del ilustre Koznichev.
–Ya no pertenezco al zemstvo –dijo, dirigiéndose a Oblonsky–. Me peleé con todos. No asisto ya a sus reuniones.
–¡Caramba, qué pronto te has cansado! ¿Como ha sido eso? –preguntó su amigo, sonriendo.
–Es una historia larga. Otro dÃa te la contaré –replicó Levin.
Pero a continuación comenzó a relatarla: