Ana Karenina
Ana Karenina –No olvidemos que quienes corren son militares, hombres que han elegido esa carrera. ¡Y cada vocación tiene el correspondiente reverso de la moneda! El peligro entra en las obligaciones del militar. El terrible deporte del boxeo o el riesgo que afrontan los toreros españoles podrá quizá ser signo de barbarie. Pero el deporte sistematizado es signo de civilización.
–No volveré a estas carreras; son demasiado impresionantes, ¿verdad, Ana? –dijo la princesa Betsy.
–Impresionantes, pero subyugan el ánimo –repuso otra señora–. Si yo hubiese sido romana; no me habrÃa perdido ni uno de los espectáculos del circo.
Ana, en silencio, miraba con los prismáticos hacia un solo punto.
En aquel momento pasaba por la tribuna un general muy alto. Interrumpiendo la conversación, Alexey Alejandrovich se levantó a toda prisa, aunque no sin dignidad, y saludó profundamente al militar.
–¿No corre usted? –le preguntó el general en broma.
–Mi carrera es mucho más difÃcil –contestó respetuosamente Karenin.