Ana Karenina
Ana Karenina –Le ofrezco mi brazo por tercera vez ––dijo a Ana al cabo de un instante.
Ella le miraba, sin saber qué decir. La princesa Betsy corrió en su ayuda.
–No, Alexey Alejandrovich. Ana y yo hemos venido juntas y le he prometido acompañarla a casa–intervino Betsy.
–Perdón, Princesa –dijo Karenin, sonriendo con respeto, pero mirándola fijamente a los ojos– Observo que Ana no se encuentra bien y quiero que regresé a casa conmigo.
Ana se volvió asustada, se puso en pie sumisa y pasó el brazo bajo el de su marido.
–Enviaré a preguntar cómo está Vronsky y se lo avisaré –le dijo Betsy en voz baja.
Al salir de la tribuna, Karenin hablaba, como de costumbre, con los conocidos que iba encontrando. Ana tenÃa también que hablar y proceder como siempre, pero se sentÃa muy agitada y avanzaba del brazo de su marido como en una pesadilla.
«¿Se habrÃa matado o no? ¿SerÃa cierto lo que decÃan?»
Se sentó en silencio en el coche de Karenin, que destacó en breve de entre los demás.