Ana Karenina
Ana Karenina A despecho de lo visto, Alexey Alejandrovich se negaba a pensar en la verdadera situación de su mujer. No apreciaba más que los signos externos. Se habÃa comportado de manera inconveniente y ahora él consideraba su deber decÃrselo. Pero era muy difÃcil hacerlo sin trascender.
Abrió la boca para decirle que su conducta era censurable, pero sin querer otra cosa totalmente distinta.
–¡Parece imposible cómo, en el fondo, nos gustan a todos esos espectáculos tan bárbaros! –comentó–. Observo…
–¿Qué? No le comprendo –repuso Ana.
Karenin se sintió ofendido, a inmediatamente comenzó a hablarle de lo que querÃa.
–He de decirle… –comenzó.
«Ahora viene la explicación», pensó Ana asustada.
–He de decirle que su conducta de Usted hoy no ha sido nada correcta –le dijo su marido en francés.
–¿Por qué no ha sido correcta? –preguntó Ana en voz alta, girándo rápidamente la cabeza y mirándole a los ojos, pero no con la fingida alegrÃa de otras veces, sino con una resolución bajo la cual difÃcilmente ocultaba sus temores.