Ana Karenina
Ana Karenina Además, Constantino estaba disgustado con su hermano por su desconsideraciòn hacia la gente humilde. Sergio Ivanovich decÃa que la conocÃa mucho y la estimaba; a menudo hablaba con los campesinos, lo que sabÃa hacer muy bien, sin fingir ni adoptar actitudes estudiadas, y en todas sus conversaciones descubrÃa rasgos de carácter que honraban al pueblo y que después se complacÃa en generalizar.
Este modo de opinar sobre los humildes no le complacÃa a Levin, para quien el pueblo no es más que el principal colaborador en el trabajo común. Era grande su aprecio hacia los campesinos y entrañable el amor que por ellos sentÃa –amor que sin duda mamó con la leche de su nodriza aldeana, tal como èl solÃa decir–, y considerábase a sì como un copartÃcipe del trabajo; y a veces se entusiasmaba con la energÃa, la dulzura y el espÃritu de justicia de aquella gente; pero en otras ocasiones, cuando el trabajo requerÃa cualidades distintas, se irritaba contra ellos, considerándolos sucio, ebrios y embusteros.
Si le hubieran preguntado si lo estimaba, no habrÃa sabido qué contestar. Al pueblo en particular, como a la gente en general, la amaba y no la amaba al mismo tiempo. Cierto es que, por su bondad natural, tendÃa más a querer que a despreciar a los hombres, incluyendo a los humildes.