Ana Karenina
Ana Karenina Pero amarlos o no como a algo concreto no le era posible, porque no sólo vivía con el pueblo, no sólo compartía sus intereses, sino que se consideraba parte de él y ni en sí mismo ni en él veía defectos o cualidades particulares, y no podía oponérseles.
Además, vivía con frecuencia en íntima relación con el campesino, como señor y como intermediario y principalmente como consejero, ya que los aldeanos confiaban en él y a veces recorrían cuarenta verstas para pedirle consejos.
Pero no tenía sobre el pueblo opinión definida. Si le hubiesen preguntado si lo conocía o no, habríase visto en la misma perplejidad que al contestar sobre si le amaba o no. Decir si lo conocía era para él como decir si conocía o no a los hombres en general.
En principio estudiaba y sabía conocer a las personas de toda clase y entre ellos a los campesinos, a quienes consideraba buenos a interesantes. A menudo, observándolos, descubría en ellos nuevos rasgos de carácter que le llevaban a modificar su opinión anterior y a formarse nuevas y distintas opiniones.
Sergio Ivanovich hacía lo contrario. Del mismo modo que alababa y amaba la vida popular por contraste con la otra que no amaba, así apreciaba también a la gente humilde por contraste con otra clase, y de una manera absolutamente idéntica la conocía como algo distinto y opuesto a los hombres en general.