Ana Karenina
Ana Karenina En su metódico cerebro se habían creado formas definidas de la vida popular, deducidas parcialmente de esta misma vida, pero también, y en mayor parte, por oposición a la contraria.
Jamás, pues, variaba su opinión sobre el pueblo ni la compasión que le inspiraba. En las discusiones que ambos hermanos mantenían sobre aquel tema siempre vencía Sergio Ivanovich, por poseer una opinión definida sobre los aldeanos y sus caracteres, cualidades e inclinaciones, mientras que Constantino Levin no tenía ideas fijas ni firmes sobre la gente del pueblo, por lo que siempre se caía en contradicciones.
Para Sergio Ivanovich, su hermano menor era un buen muchacho, con «el corazón en su sitio» (lo que solía expresar en francés), de cerebro bastante ágil, pero esclavo de las impresiones del momento y lleno, por ello, de contradicciones. Con la condescendencia de un hermano mayor, Sergio Ivanovich le explicaba a veces la significación de las cosas, pero no experimentaba interés en discutir con él porque le vencía con demasiada facilidad.