Ana Karenina

Ana Karenina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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La hierba ahora era más blanda y mejor y Levin, escuchaba sin contestar, seguía a Tit, procurando segar lo mejor que podía. Adelantaron un centenar de pasos. Tit avanzaba siempre sin parar ni mostrar el menor cansancio. Levin, en cambio, se sentía tan fatigado que temía no poder resistirlo.

Movía la guadaña sacando fuerzas de flaqueza e iba ya a pedirle a Tit que parase, cuando el otro lo hizo espontáneamente, se inclinó, cogió un puñado de hierba y después de secar con ella la guadaña, comenzó a afilarla.

Levin se irguió, inspiró con fuerza y miró a su alrededor.

Tras él iba otro aldeano, también cansado al parecer, puesto que, sin llegar hasta donde estaba Levin, empezó a su vez a afilar su herramienta.

Tit afiló la suya y la de Levin, y luego continuaron la labor.

A la segunda vuelta pasó igual. Tit caminaba sin detenerse, sin alterarse, moviendo sin cesar su guadaña. Levin le seguía procurando no retrasarse y sintiéndose más cansado cada vez. Pero cuando llegaba el momento en que le faltaban las fuerzas, Tit se detenía y se ponía a afilar el instrumento.


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