Ana Karenina

Ana Karenina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

–¡Dios mío, qué aspecto tienes! –exclamó su hermano desagradablemente sorprendido al principio por la apariencia de Levin–. ¡Pero cierra la puerta! –exclamó casi gritando–. De seguro que has hecho entrar por lo menos diez moscas.

Sergio Ivanovich aborrecía las moscas. En su habitación sólo abría las ventanas por las noches y cerraba con cuidado las puertas.

–Te aseguro que no ha entrado ni una. Y si ha entrado la cazaré. ¡No sabes qué placer ocasiona trabajar así! ¿Cómo has pasado tú el día?

–Muy bien. Pero ¿es posible que hayas estado segando todo el día? Me figuro que debes de tener más hambre que un lobo. Kusmá te ha preparado la comida.

–No tengo apetito, pues he comido allí. Lo que haré es lavarme.

–Muy bien, ve a lavarte y luego iré yo a tu cuarto –dijo Sergio Ivanovich, moviendo la cabeza y mirando a su hermano–. Ve a lavarte, ve…

Y, recogiendo sus libros, se dispuso a seguir a su hermano, cuyo aspecto optimista le animaba hasta el punto de que ahora sentía separarse de él.

–¿Y dónde te has metido cuando la lluvia? –preguntó.

–¡Vaya una lluvia! Unas gotas de nada. Ea; vuelvo en seguida. ¿De modo que has pasado bien el día? Me alegro.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker