Ana Karenina
Ana Karenina Después de la infusión, Levin salió al portal para ordenar que engancharan los caballos y al regresar se encontró a Dolly con el rostro descompuesto y llenos de lágrimas los ojos.
En el momento de montarse había sucedido algo que destruyó toda la alegría y el orgullo de sus hijos que había experimentado Dolly aquel día. Gricha y Tania se habían peleado por una pelota. Ella oyó los gritos, corrió al cuarto de los niños y halló un espectáculo lamentable. Tania tenía cogido a Gricha por los cabellos y éste, con el rostro contraído por la cólera, le daba a su hermana puñetazos a ciegas.
Al verlo, pareció como si algo se rompiese en el corazón de la madre y las tinieblas ensombrecieran su vida. Comprendió que aquellos niños de los que tan orgullosa se sentía no sólo eran niños como todos, sino hasta de los peores y peor educados, llenos de inclinaciones brutales y perversas, niños malos…
Dolly ahora era incapaz de hablar ni pensar en otra cosa, y no pudo menos de referir sus desdichas a Levin.