Ana Karenina
Ana Karenina HabÃa disipado su fortuna, andaba siempre con gente de dudosa reputación y estaba reñido con ambos hermanos.
–¿Es posible? –preguntó Levin con inquietud–. ¿Cómo lo sabes?
–Prokofy le ha visto en la calle.
–¿En Moscú? ¿Sabes dónde vive?
Levin se levantó, como disponiéndose a marchar en seguida.
–Siento habértelo dicho –dijo Sergio Ivanovich, meneando la cabeza al ver la emoción de su hermano–.
Envié a informarme de su domicilio; le remità la letra que aceptó a Trubin y que pagué yo. Y mira lo que me contesta…
Y Sergio Ivanovich alargó a su hermano una nota que tenÃa bajo el pisapapeles.
Levin leyó la nota, escrita con la letra irregular de Nicolás, tan semejante a la suya:
Os ruego encarecidamente que me dejéis en paz. Es lo único que deseo de mis queridos hermanitos. Nicolás Levin.
Después de leerla, Cónstantino permaneció en pie ante su hermano, con la cabeza baja y el papel entre las manos.