Ana Karenina
Ana Karenina El intento del divorcio no habría valido más que para provocar un proceso escandaloso que aprovecharían bien sus enemigos para calumniarle y hacerle descender de su posición en el gran mundo. De modo que el divorcio no satisfacía el objeto esencial, solucionar el asunto con las mínimas dificultades. Además, con conseguir el divorcio o planteárselo se evidenciaba que la mujer rompía sus relaciones con el marido y nada la impediría entonces unirse a su amante. Y en el alma de Karenin, pese a la completa indiferencia que ahora creía experimentar hacia su mujer, restaba aún un sentimiento que se expresaba por el deseo de impedirle unirse libremente con Vronsky, haciendo que el delito hubiera merecido la pena.
Tal pensamiento lo irritaba tanto que sólo al imaginarlo se le escapó un gemido de íntimo dolor. Se irguió, se cambió de sitio en el coche y durante un instante prolongado permaneció con el entrecejo fruncido mientras envolvía en la suave manta de viaje sus pies huesudos y friolentos.
Cuando se sintió un poco calmado siguió pensando que en vez del divorcio legal podía, tal como Karibanov, Paskudin y el buen Dram, separarse de su ella. Pero este procedimiento tenía los mismos efectos deshonrosos que el divorcio, y lo peor era que, como el legal, la arrojaba a su mujer en brazos del amante.