Ana Karenina

Ana Karenina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Sergio, vestido de blanco, estaba ante la consola del espejo, con la espalda y cabeza inclinadas, expresando aquella atención concentrada que ella conocía y que señalaba más su semejanza con su padre, manipulando unas flores que había llevado del jardín.

La institutriz presentaba un aspecto severo. Sergio exclamó, chillando como solía:

–¡Mamá!

Y se interrumpió, indeciso. ¿Debía saludar primero a su madre, dejando las flores, o terminar la corona antes y acercarse a su madre ya con las flores en la mano?

Después de saludar, la institutriz comenzó a relatar, lenta y detalladamente, la falta cometida por el niño. Pero Ana no la escuchaba y pensaba si convendría o no llevársela consigo.

«No, no la llevaré», decidió. «Me iré sola, con mi hijo.»

–Sí, eso está muy mal ––dijo Ana, tomando al niño por el hombro y mirándole no con severidad, sino con timidez, lo que confundió al pequeño y le llenó de alegría.

Ana le dio un beso.

–Déjele conmigo –indicó a la extrañada institutriz.

Y, sin soltar las manos de Sergio, se sentó a la mesa en que estaba servido el café.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker