Ana Karenina
Ana Karenina Ella era una mujer honrada que le habÃa hecho presente de su amor y que, por tanto, puesto que él, además, la amaba, merecÃa su máximo respeto: tanto, si no más, como habrÃa merecido su mujer legal. Antes se habrÃa dejado cortar una mano que permitirse, ni siquiera a sà mismo, ni aun con una palabra, no sólo ofenderla, sino no guardarle todo el respeto que puede exigir una mujer.
Sus relaciones con la sociedad también eran claras. Todos podÃan sospechar y saberlo, pero nadie debÃa atreverse a decÃrselo. De lo contrario, estaba dispuesto a hacer callar a los que hablasen y a obligarles a respetar el inexistente honor de la mujer a quien amaba.
Sus relaciones con el marido eran más claras aún. Puesto que Ana querÃa a Vronsky, él consideraba su derecho a ella como indiscutible. El marido no era más que un personaje engorroso que estaba de sobra. Cierto que se hallaba en una situación lamentable, pero ¿qué podia hacerse? A lo único que el marido tenÃa derecho era a exigirle una satisfacción con las arenas, a lo que Vronsky se habÃa sentido siempre dispuesto.
Últimamente habÃan surgido, sin embargo, entre él y Ana relaciones nuevas que le asustaban por su aspecto indefinido.