Ana Karenina
Ana Karenina Hasta ayer, ella no le había dicho que estaba embarazada. Y Vronsky comprendió que esta noticia, y lo que Ana esperase de él, exigían algo que no estaba previsto en el código que regulaba su vida. La noticia, en efecto, le había cogido desprevenido. Al principio de anunciarle ella su estado, el corazón de Vronsky le dictó que Ana debía abandonar a su marido, y así se lo había manifestado. Pero ahora, al reflexionar, comprendió que era preferible no hacerlo sin dejar de temer obrar mal al pensarlo.
«Si le he dicho que deje a su marido, ello significa que ha de unirse a mí. ¿Y estoy en condiciones de hacerlo? ¿Cómo puedo mantenerla si no tengo dinero? Pero supongamos que arreglo esa cuestión material. ¿Cómo llevármela si tengo que ocuparme de mi carrera? Para decide eso tenía que haber estado preparado antes: es decir tener dinero y pedir el retiro.»