Ana Karenina
Ana Karenina –SÃ, soy el representante de la nobleza, pero los llevo en otra dirección diferente a la que desean –rió Sviajsky.
–El asunto me interesa mucho ––dijo Levin–. Ese hombre acierta en que el cultivo racional de fincas va mal y que las únicas que prosperan son las de usureros, como las de aquel otro, tan callado, y la pequeña propiedad. ¿Quién tiene la culpa?
–Sin duda nosotros mismos. Y, además, no es cierto que la propiedad racional no prospere. Por ejemplo, Vasilchikov…
–Prospera la fábrica, no las tierras.
–No sé por qué se extraña, Levin. El pueblo ruso está a un nivel moral y material tan bajo que es natural que se resista a aceptar lo que necesita. En Europa la propiedad racional prospera porque el pueblo está educado, lo cual significa que nosotros debemos educar al pueblo y nada más.
–¿Es posible, acaso, educar al pueblo?
–Para educar al pueblo se necesitan tres cosas: escuelas, escuelas y escuelas.
–Usted ha dicho que el pueblo tiene un nivel muy bajo de desarrollo material. ¿En qué pueden servirle para eso las escuelas?