Ana Karenina
Ana Karenina –Porque era una mala mujer. Me dio muchos disgustos.
No dijo cuáles, sintiéndose incapaz de confesar que se habÃa separado de ella por hacerle un té demasiado flojo y principalmente por cuidarlo como a un enfermo.
–En una palabra, quiero cambiar de raÃz mi modo de vivir. He cometido tonterÃas, como todos, pero no me arrepiento de ninguna. He perdido mis bienes, pero tampoco esto me interesa. La salud es lo principal y, gracias a Dios, ahora me he repuesto.
Levin le oÃa sin saber qué decir. Seguramente Nicolás sentÃa lo mismo y se puso a hacerle preguntas sobre sus asuntos. Y Levin, contento de poder hablar de sà mismo, porque de este modo ya no necesitaba fingir, le expuso sus planes futuros y el sentido de su actividad.
Su hermano lo escuchaba, pero era evidente que aquello no le interesaba.
Ambos hombres se sentÃan tan próximos el uno al otro que el más insignificante movimiento, hasta el tono de su voz, decÃa más para ambos que cuanto pudieran expresar las palabras.