Ana Karenina
Ana Karenina Y se desabrochó el abrigo. Pero luego se lo quitó y estuvo allí una hora entera, hablando con Levin de cacerías y de otras cosas interesantes para los dos.
–Dime: ¿qué has hecho en el extranjero? ¿Dónde has estado? –preguntó a Levin cuando salió el campesino.
–En Alemania, en Prusia, en Francia y en Inglaterra, pero no en las capitales, sino en las ciudades fabriles. Y he visto muchas cosas. Estoy muy satisfecho de este viaje.
–Ya conozco tu idea sobre la organización obrera.
–No es eso. En Rusia no puede haber cuestión obrera. La única cuestión importante para Rusia es la de la relación entre el trabajador y la tierra. También en Europa existe, pero allí se trata de arreglar lo estropeado, mientras que nosotros…
Oblonsky escuchaba con atención a su amigo.
–Sí, sí –contestaba–. Puede que tengas razón. Me alegro de verte animado y de que caces osos, y trabajes, y tengas ilusiones. ¡Scherbazky que me dijo que te encontró muy abatido y que no hacías más que hablar de la muerte!…