Ana Karenina
Ana Karenina Todos permanecieron un rato ante la mesa, bebiendo el aromático vodka. La charla sobre la rusificación de Polonia, entre Kosnichev y Karenin, se calmó en espera de la comida.
Sergio Ivanovich sabÃa muy bien cambiar una conversación seria y elevada vertiendo en ella inesperadamente algunas gotas de sal ática, lo que hizo en esta ocasión, modificando asà el estado de ánimo de sus interlocutores.
Alexey Alejandrovich opinaba que la rusificación de Polonia sólo se podÃa lograr mediante principios superiores introducidos por la administración rusa. Peszov sostenÃa que un pueblo sólo asimila a otro cuando está más poblado. Kosnichev reconocÃa una cosa y otra, pero con limitaciones. Y, cuando salÃan del salón, dijo, con una sonrisa para cerrar la discusión:
–Para la rusificación de Polonia, sólo hay un medio: poner en el mundo el mayor número posible de niños rusos. Mi hermano y yo obramos en ese sentido peor que nadie. Pero ustedes, señores casados, y sobre todo usted, Esteban Arkadievich, se portan como perfectos patriotas. ¿Cuántos hijos tiene usted
ahora? –preguntó, dirigiéndose con afable sonrisa al dueño de la casa y presentándole su copita para brindar con él.
Todos rieron, y Oblonsky más que ninguno.