Ana Karenina
Ana Karenina Una de las cosas más penosas de aquellos dÃas era la explicación prometida por Levin. Consultó al PrÃncipe y, con su autorización, le entregó a Kitty su Diario, en el que se contenÃa lo que le atormentaba. Hasta aquel Diario parecÃa escrito pensando en su futura novia. En él se expresaban las dos torturas de Levin: su falta de inocencia y su carencia de fe.
La confesión de su incredulidad pasó inadvertida. Kitty era creyente, no dudaba de las verdades de la religión, pero la exterior falta de religiosidad de su novio no le afectó lo más mÃnimo.
Su amor le hacÃa comprender el alma de Levin, adivinaba lo que querÃa y el hecho de que a aquel estado de ánimo quisiera llamársele incredulidad en nada la conmovÃa.
En cambio, la otra confesión le hizo llorar lágrimas amargas.
Levin no le entregó su Diario sin una previa lucha consigo mismo. Pero sabÃa que entre él y ella no podÃa haber secretos, y este pensamiento le decidió a obrar como lo habÃa hecho. No se dio cuenta, sin embargo, del efecto que aquella confesión habÃa de causar en su prometida; no supo adivinar sus sentimientos.