Ana Karenina
Ana Karenina –Rece a Dios e implore su misericordia… Hasta los Santos Padres tenÃan dudas y pedÃan a Dios que fortaleciese su fe. El diablo posee un inmenso poder y hemos de defendernos de caer bajo su dominio. Rece a Dios, implore su gracia… ¡Rece! –añadió el sacerdote con precipitación.
Y calló un momento pensativo.
–He oÃdo decir que se propone usted casarse con la hija de mi feligrés e hijo espiritual, el prÃncipe Scherbazky –añadió sonriendo–. Es una excelente joven.
–Sà –contestó Levin.
Y pensaba, sonrojándose por el sacerdote: «¿Por qué me dice esto durante la confesión?» .
Y, como si contestase a su pensamiento, el sacerdote habló: