Cuentos populares
Cuentos populares —Pero lo mejor del caso es que todos los que venimos aquà por tradición nos equivocamos horriblemente en nuestros cálculos —me interrumpió—. No comprendo por qué a raÃz de unos amores infortunados o del fracaso de algún negocio es mejor servir en el Cáucaso que en Kazan o Kaluga. En Rusia todos se presentan el Cáucaso como algo grandioso, con sus eternos hielos virginales, sus torrentes impetuosos, sus puñales, sus capotes de fieltro, sus guerreras circasianas…; se imaginan que todo esto es terrible, cuando en realidad no representa nada en particular. Si supieran, al menos, que nosotros no estamos nunca entre los hielos virginales, que no causa ninguna alegrÃa vivir entre ellos, y que el Cáucaso se divide en provincias, como Stavropol, Tiflis, etcétera.
—Sà —dije, echándome a reÃr—. En Rusia se considera el Cáucaso de un modo completamente distinto de cómo lo vemos aquÃ. ¿Le ha ocurrido alguna vez probablemente leer versos en un idioma que no domina bien? Uno se los imagina mucho mejores de lo que son…
—Ignoro el motivo, pero no me gusta nada el Cáucaso —me interrumpió.
—Pues a mà me sigue gustando también ahora, pero de distinto modo.
—Tal vez tenga algo bueno —continuó con cierta irritabilidad—; pero lo único que me consta es que yo no me encuentro bien aquÃ.