Cuentos populares
Cuentos populares —¿Sabe usted que es la primera vez que salgo de operaciones? —continuó—. No puede usted figurarse lo que me ocurrió ayer. Cuando el sargento trajo la orden que designaba a mi compañÃa a formar parte de la columna, palidecà y la emoción no me dejó hablar. ¡Si supiera usted la noche que he pasado! Si es verdad que el cabello se pone blanco por el miedo, yo deberÃa estar completamente canoso hoy. Seguramente ningún condenado a muerte sufre más una noche de lo que he sufrido yo; incluso ahora, que me siento un poco mejor, es terrible lo que me pasa aquà —añadió, agitando el puño ante su pecho—. Y es ridÃculo que por dentro se desarrolle un drama horroroso, mientras uno come chuletas con cebolla y asegura que está muy alegre. ¿Hay vino, Nikolaiev? —preguntó, bostezando.
—¡Es él, muchachos! —gritó en aquel instante un soldado con voz alterada; todos los ojos se dirigieron hacia la linde del lejano bosque.