Cuentos populares
Cuentos populares Entre los soldados, la agitación era cada vez mayor y más sensible. De todas partes aparecían con más frecuencia nubecillas de humo azulado. Los dragones, con banderolas ondeantes en las lanzas, salieron hacia delante; en las compañías de infantería se oyeron canciones, y el convoy de la leña empezó a retirarse hacia la retaguardia. El general dio la orden a mi sección de que se preparase para la retirada. Situándose entre los arbustos, frente a nuestro flanco izquierdo, el enemigo empezó a inquietarnos seriamente con sus descargas. Desde el lado izquierdo del bosque, silbó una bala, que cayó en una cureña, después otra… y otra… La infantería, situada junto a nosotros, se levantó con gran alboroto y, cogiendo los fusiles, ocupó la línea. Los disparos aumentaban, volando los proyectiles cada vez con mayor frecuencia. Comenzó la retirada y, como sucede siempre en el Cáucaso, dio principio a la verdadera batalla.
Por todo se deducía que a los artilleros no les habían gustado los obuses a los infantes. Antonov fruncía el ceño, Chikin imitaba el silbido de las balas y gastaba bromas, aunque se veía que no le agradaban. De una dijo: «¡Cómo se apresura!», a otra la llamó: «La abejita» y a la tercera, que había pasado por encima de nosotros silbando de un modo quejumbroso y prolongado: «¡Huérfana!», lo que provocó la hilaridad general.