Cuentos populares
Cuentos populares En aquel mismo momento oà detrás de mà el rumor rápido y seco de una bala que acababa de dar contra un cuerpo. Se me oprimió el corazón. «Ha alcanzado a alguno de los nuestros», pensé, temiendo volverme, bajo la influencia de un penoso presentimiento. En efecto, acto seguido se oyó la caÃda de un cuerpo pesado y un ¡ay! desgarrador.
—¡Me han herido, hermanos! —dijo con esfuerzo una voz que reconocÃ.
Era Velenchuk. Se habÃa desplomado de espaldas entre el cañón y el avantrén. La mochila que llevaba habÃa caÃdo a un lado. TenÃa la frente ensangrentada y unos hilillos de sangre espesa y rojo se salÃan de un ojo y de la nariz. Se le veÃa una herida en el vientre, pero casi no sangraba de ella, y al caer se habÃa producido una lesión en la frente.
Todo esto lo comprendà después; en el primer momento, sólo vi una masa informe y, según me pareció, gran cantidad de sangre.