Cuentos populares
Cuentos populares —Le estaba confeccionando un capote a Sulimovsky. Me… entregó dos rublos. Compré botones por valor de rublo y medio y los tengo guardados, con los cincuenta kopecks que sobraron, en la mochila.
—Bien, bien —dije—. ¡Que te mejores, hermano!
No me contestó. El coche se puso en marcha y Velenchuk empezó a gemir y a lanzar ayes con una voz terrible y desgarradora. Era como si, después de dejar arregladas las cosas de este mundo, no hallase motivos para contenerse y considerase que se le permitÃa ese alivio.