Cuentos populares
Cuentos populares —¿Adónde vas? ¡Vuelve! ¿Adónde vas? —le grité al recluta que, con la mecha de reserva debajo del brazo y con una varita en la mano, se disponía a seguir tranquilamente la ambulancia que se llevaba al herido.
Pero el recluta se limitó a mirarme con expresión negligente, masculló algo y siguió andando. Me vi obligado a enviar un soldado en busca suya. Se quitó el gorro rojo y, sonriendo estúpidamente, me miró.
—¿Adónde ibas? —le pregunté.
—Al campamento.
—¿Para qué?
—¿Cómo?… Han herido a Velenchuk —dijo, sonriendo de nuevo.
—¿Y a ti qué te importa? Debes quedarte aquí.
Mi miró, sorprendido; luego se volvió tranquilamente y, poniéndose el gorro, se fue a su puesto.
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