Cuentos populares
Cuentos populares El combate, en general, había resultado satisfactorio; se decía que los cosacos habían realizado un ataque brillante; la infantería se había abastecido de leña sin tener más bajas que seis hombres heridos; la artillería perdió a Velenchuk y dos caballos. En cambio se habían talado unas tres verstas de bosque, dejando el lugar completamente desconocido: en vez de la linde del bosque, que formaba una masa compacta momentos antes, se habría una enorme pradera, cubierta de hogueras humeantes, por la que avanzaban las tropas hacia el campamento. A pesar de que el enemigo no cesó de perseguirnos con su fuego de artillería y de fusiles hasta el riachuelo y el cementerio que atravesamos por la mañana la retirada se llevaba a cabo felizmente. Empezaba ya a pensar en los schi (sopa de coles) y en las costillas de carnero con kasha (gachas) que me esperaban en el campamento, cuando llegó la noticia de que el general había ordenado construir un reducto en la orilla del río, para que acampara allí, hasta el día siguiente, el tercer batallón del regimiento de K*** y la sección de la cuarta batería. Los carros con la leña y los heridos, los cosacos, la artillería y la infantería con fusiles y cargas de leña al hombro, pasaron ante nosotros formando gran alboroto y cantando. En todos los rostros se veía la animación y el contento por haber pasado el peligro y por la esperanza de un descanso. Sólo nosotros, en compañía del tercer batallón, debíamos aplazar esos placeres hasta el día siguiente.