Cuentos populares
Cuentos populares —Porque cuidar la enfermedad es dar carta blanca a la disipación.
—No, porque entonces…
—SÃ, con que una centésima parte de los esfuerzos que se gastan en curar la enfermedad se emplease en curar la lascivia, hace mucho tiempo que no existirÃa la enfermedad, mientras que ahora todos los esfuerzos se consumen, no en extirpar la disipación sino en favorecerla combatiendo sus consecuencias. Pero en fin no se trata de eso; se trata de que yo, como la mayorÃa de los hombres de nuestra clase, incluso los aldeanos, he pasado por el horrible trance de caer, y no porque me subyugase la seducción natural de una mujer cualquiera. De ningún modo. Caà en el lazo porque no veÃa en ese hecho degradante más que una función legÃtima y útil para la salud, porque otros no veÃan en él más que una expansión natural, excusable, y hasta inocente en un joven. Yo no comprendÃa que aquello fuese una caÃda y empecé a entregarme a esos placeres que creÃa caracterÃsticos de mi edad, de la misma manera que empecé a beber y fumar.