Cuentos populares
Cuentos populares —Supongo que le habrá parecido a usted muy extraña la conversación que sostuvimos esta mañana —me dijo.
—No. ¿Por qué? Sólo opino que es usted demasiado sincero; hay cosas que nadie ignora, pero de las que no se debe hablar nunca.
—¿Por qué? ¡Nada de eso! Si hubiese alguna posibilidad de cambiar esta vida por otra, pobre y trivial, pero exenta de peligros y de servicios, la cambiarÃa sin vacilar en absoluto.
—¿Por qué no se trasladó usted a Rusia? —pregunté.
—¿Por qué? —repitió Boljov—. ¡Oh, hace mucho que he pensado en eso! Pero no puedo volver a Rusia hasta que me concedan las cruces de Ana y Vladimiro; la condecoración de Ana al cuello y el grado de comandante que esperaba conseguir cuando vine aquÃ.
—Pero ¿no se siente incapaz, como acaba de decir, para el servicio en el Cáucaso?