Cuentos populares
Cuentos populares —¡Que se vaya el de guardia al batallón! —gritó Kirsanov, sin contestar al capitán aunque ya estaba nuevamente convencido de que no necesitaba dar ninguna orden—. Supongo, joven, que estará usted contento de recibir un salario doble —añadió, dirigiéndose al ayudante del batallón, después de unos veinte minutos de silencio.
—¡Cómo no! Estoy muy contento.
—Considero que nuestros sueldos son elevados en la actualidad, Nikolai Fiodorovich —continuó—. Un joven puede vivir muy bien de su sueldo y hasta permitirse algún pequeño lujo.
—Verdaderamente, Abrahán Ilich, no lo creo asà —objetó con timidez el ayudante—. Aunque la paga sea doble, no… Es preciso que tengamos un caballo…
—¿Qué me dice usted, joven? Yo también he sido alférez, de manera que lo sé. Créame que con esas pagas se puede vivir ordenadamente. Verá usted, hagamos la cuenta —añadió, doblando el dedo meñique de la mano izquierda.
—Todos pedimos la paga por adelantado, ya tiene usted la cuenta hecha —intervino Trosenko, apurando una copa de vodka.
—Bueno… ¿y con eso, qué quiere usted…? ¿Qué?