Cuentos populares
Cuentos populares —¿Por qué lo abandonaron? —le pregunté a Antonov.
—Le dolĂa mucho el vientre. Cuando estábamos parados, no sufrĂa, pero en cuanto nos ponĂamos en marcha lanzaba gritos desgarradores. Nos pedĂa por Dios que lo dejáramos, pero nos daba lástima. En esto, Ă©l empezĂł a atacarnos en serio; cayeron tres soldados y un oficial de los nuestros. Y hasta nos separaron de nuestra baterĂa. ¡Fue una desgracia! No podĂamos llevarnos los cañones. Hubo mucho barro.
—Lo peor de todo es que habĂa barro al pie del monte Indeisky —observĂł un soldado.
—AllĂ fue donde se puso mucho peor. Entonces Anoshenko —un viejo polvorista— y yo pensamos que no sobrevivirĂa; y como nos pedĂa por Dios que lo dejáramos, asĂ lo hicimos. AllĂ habĂa un árbol muy frondoso. Le dejamos pan seco remojado, del que llevaba Jdanov, lo apoyamos contra el árbol, le pusimos una camisa limpia y, despuĂ©s de despedirnos como es debido, lo dejamos allĂ.
—¿Era buen soldado?
—SĂ, bastante bueno —replicĂł Jdanov.
—SĂłlo Dios sabe lo que habrá sido de Ă©l —continuĂł Antonov—. Muchos hermanos nuestros quedaron allĂ.