Cuentos populares
Cuentos populares Reflexionemos un momento acerca de lo que esto es y de lo que debería ser. Cuando uno de esos libertinos se acerca a mi hermana o a mi hija estando enterado, como lo estoy, de su vida, debería yo llamarle y decirle: «Amigo mío, sé que eres un libertino y en qué compañía pasas las noches, y debo decirte que tu puesto no está aquí, al lado de las jóvenes inocentes». Eso es lo que debería decírsele. ¿Y qué es lo que, por el contrario, sucede? Que cuando se presenta uno de esos tipos y baila con mi hermana o con mi hija, pasándole el brazo por la cintura, nos sonreímos muy satisfechos, sobre todo si se trata de un hombre rico y bien emparentado… ¡Qué asco! ¡Pero muy pronto ha de llegar un día en que todas esas cobardías y esos embustes se desenmascaren y se borren!