Cuentos populares
Cuentos populares Me hizo una inclinación de cabeza con expresión agradecida, se puso el gorro, y sacando de un bolsillo la sucia bolsita del tabaco, de percal y con cordón, empezó a liar un cigarrillo.
Hacía poco que yo había sido junker, un junker mayor, sin fortuna, incapaz ya de mostrarse amable y servicial con los compañeros más jóvenes; por eso, conociendo muy bien todo el peso moral que esto supone para un hombre que ya no es joven y tiene amor propio, compadecía a los que se hallaban en tal situación y trataba de explicarme su manera de ser, así como sus capacidades intelectuales, para poder juzgar el grado de sus sufrimientos morales. Este junker u oficial degradado me pareció, por su mirada inquieta y por el premeditado cambio de expresión que observé en su rostro, un hombre inteligente, de extremado amor propio y, por tanto, muy digno de compasión.