Cuentos populares
Cuentos populares Me excusé; no lo había reconocido en seguida por su nuevo indumento. Guskov se levantó, se acercó, y, después de estrecharme la mano de manera débil e indecisa con la suya húmeda, se sentó junto a mí. En lugar de mirarme a mí, a quien tanto le alegraba ver, se volvió hacia los oficiales, con cierta desagradable expresión de vanidad. No sé si fue debido a que reconocí en él al hombre que había visto hacía unos años vistiendo frac en un salón o porque ante este recuerdo Guskov se elevó en la opinión que tenía de sí mismo; pero en el caso es que su semblante y hasta sus gestos cambiaron por completo; en aquel momento, reflejaba inteligencia, suficiencia pueril por considerarse inteligente y cierta indolencia despectiva. Reconozco que, a pesar de la situación lastimosa en que se encontraba, mi antiguo conocido no despertó en mí la compasión, sino un sentimiento ligeramente hostil.