Cuentos populares
Cuentos populares —Es imposible no enredarse con estas estacas, Paviel Dimitrievich —dijo Guskov—. Usted mismo tropezó anteayer.
.Padrecito: no soy un subalterno. A mà no se me exige habilidad.
—Él puede arrastrar los pies; en cambio, un subalterno debe dar saltitos… —arguyó el segundo capitán Sh***.
—¡Qué bromas tan absurdas! —dijo Guskov, casi en un susurro y bajando la vista.
Sin duda, el ayudante estaba mal predispuesto hacia Guskov, cuyas palabras escuchaba con avidez.
—De nuevo tenemos que mandarle a llevar el «secreto» —dijo, dirigiéndose al capitán Sh*** y haciendo un guiño que aludÃa al degradado.
—Otra vez habrá lágrimas —replicó Sh***, riéndose.
Guskov no me miraba, y fingÃa sacar tabaco de la bolsita que, desde hacÃa rato, estaba vacÃa.
—Prepárese para llevar el «secreto», padrecito —dijo Sh*** sin dejar de reÃr—. Los exploradores han comunicado hoy que esta noche atacarán nuestro campamento; por tanto, hay que destinar a muchachos de nuestra confianza.
Guskov sonrió indeciso, como si fuese a decir algo; y varias veces miró a Sh*** con expresión suplicante.