Cuentos populares
Cuentos populares —¡SÃ, con mucho gusto! —contesté cuando, por el contrario, me molestaba hacerlo, sobre todo porque la vÃspera habÃa perdido jugando a las cartas y sólo me quedaban cinco rublos y pico que me guardaba Nikita—. Ahora mismo —añadÃ, levantándome—; voy a traerlos de la tienda.
—No; déjelo, luego, no se moleste.
Sin hacerle caso, entré en la tienda, en la que estaba instalado mi lecho, y donde dormÃa el capitán.
—Alexey Ivanovich, préstame diez rublos, por favor, hasta que nos den la paga —dije, despertándole.
—¿Ha vuelto a perder? ¿No habÃa decidido ayer mismo no jugar más? —preguntó el capitán entre sueños.
—No, no he jugado; pero los necesito. Démelos, por favor.
—¡Makatiuk! —llamó el capitán a su asistente—. Tráeme el cofre con el dinero.
—Más bajo, más bajo —rogué, al oÃr los acompasados pasos de Guskov al otro lado de la tienda.
—¿Por qué? ¿Por qué más bajo?
—Me los ha pedido ese degradado; está ahÃ.
—Si lo hubiera sabido, no se los darÃa —dijo el capitán—. Ya he oÃdo hablar de él; es el auténtico villano.